50 años de un clásico: “A bout de souffle”
Durante estos días se cumple el 50 aniversario del estreno en los cines de Francia de una de esas obras que han supueto un antes y un después en la historia del cine, una de las obras cumbre de la Nouvelle Vague. Me estoy refiriendo a “A bout de souffle” (Al final de la escapada, 1960), de Jean Luc Godard.
”A bout de souffle” puso boca abajo la gramática del cine clásico y, superando los cánones del cinema verité y el melodrama anquilosado del cine estadounidense, rejuveneció, de una manera inimaginable para la mejor crema hidratante, el cutis quincuagenario del arte de la cinética.
Hoy, sabemos que “A bout de souffle” es un clásico disruptivo, un homenaje en forma de bofetada a la historia del cine. Porque nadie antes había rodado como Godard y legiones de cineastas lo hicieron así después. A la manera de Godard, que fue al cine lo que Miles Davis a la música popular contemporánea. Genios revolucionarios los dos.
Godard cuenta el romance sin ton si son entre el último granuja del arrabal y la más guapa estudiante americana de París. Godard reinventa en esta película los protocolos del cine, trocea planos en medio de según qué escenas, hace malabares con la elasticidad del tiempo cinematográfico y explota las posibilidades mímicas de los actores.
Después de “A bout de souffle“, nada volvió a ser como antes en el espectáculo del cine.


