Póster de la película “La decisión de Anne”
Estamos ante la sexta pieza en la filmografía de Nick Cassavetes, hijo nada más y nada menos que del pionero del cine independiente americano, John Cassavetes, y su actriz fetiche, Gena Rowlands, que ya participó en filmes anteriores de su hijo como el caso de El diario de Noa (2004), película que comparte con La decisión de Anne (2009) el tópico del amor en la enfermedad.
Pero no nos engañemos, La decisión de Anne (My sister’s keeper, “La cuidadora de mi hermana” literalmente traducido) no es una peli de amor, al menos del amor entendido como deseo de posesión; sino más bien del amor que se cuece en la cocina de una familia dividida por causa del cáncer de uno de sus miembros. En efecto, Anne (Abigail Breslin),hija de Sara (una siempre insulsa Cameron Díaz) y Brian (Jason Patric), padece leucemia y Kate (Sofía Vassilieva), concebida como banco genético de su hermana mayor, decide buscar la ayuda jurídica de un abogado (Alec Baldwin, redondo y rotundo en su papel) en defensa de su autonomía física.
Así de controvertidos son los ingredientes de esta historia, basada en la novela de Jodi Picoult, que nos pone en el dilema de tener que adoptar una postura moral con respecto a qué derechos prevalecen en semejante conflicto: si los de la persona que lucha por conservar su vida o los de aquella otra que trata de proteger la voluntad de obrar sobre su propio cuerpo.
En lo puramente artístico, la película peca de cierto sentimentalismo y no poca artificiosidad, pero el argumento se sostiene por sí mismo gracias al alcance ético de las cuestiones que plantea al espectador.


